4. El Task Continuum Index Adaptado a AI-IoT
La Sección 1 introdujo el Task Continuum Index como el instrumento-contraparte del lado de la tarea, emparejado con el Cognitive Continuum Index del lado del juez. La Sección 3 ya produjo la materia prima para operacionalizarlo: la "ficha de tarea" de su Regla de Aplicación exige, para cada una de las once propiedades, una clasificación provisional — polo intuitivo, analítico o mixto — registrada por separado para cada una de las tres perspectivas (ecología física, representación de la IA, representación del supervisor). Lo que falta es cerrar el ciclo: transformar esa clasificación cualitativa, propiedad por propiedad, en un número que ubique la tarea — o, más precisamente, cada una de sus tres representaciones — en el continuo.
Conviene ser directo sobre lo que este número puede y no puede ser. El TCI original de Hammond (1988) no se derivó de una fórmula algebraica aplicable a cualquier tarea; se construyó experimentalmente, ordenando nueve condiciones de exhibición cuyas propiedades habían sido manipuladas por el propio investigador. No existe, en la literatura, una fórmula validada y lista para importar a AI-IoT. El índice propuesto en esta sección es, por ello, una construcción original de esta trilogía — un dispositivo heurístico de agregación, explícito y auditable, no la recuperación de un instrumento psicológico ya validado. Esto está en línea directa con la advertencia ya hecha en la Sección 3, a propósito de Dhami y Thomson (2012): la CCT no especifica cuánto desplaza cada propiedad el modo cognitivo. El índice que sigue no resuelve esa indeterminación — la hace explícita y gestionable.
La fórmula. Para cada propiedad y cada nivel , la ficha de tarea de la Sección 3 asigna una clasificación provisional. Esa clasificación se codifica como:
Esta escala de puntuación es deliberadamente simple — tres valores, no cinco o nueve —, no por falta de sofisticación, sino para no fingir una precisión cuantitativa que la clasificación cualitativa subyacente no sostiene. Una escala más granular (por ejemplo, a , distinguiendo intensidad "fuerte" de "débil" dentro de cada polo) sería una extensión natural, sujeta a justificación empírica futura, pero introduciría, en esta fase conceptual, exactamente la falsa precisión que la Sección 3 ya advirtió que no era sostenible.
El Task Continuum Index de un nivel es la media de las once puntuaciones:
acotado al intervalo : indica una tarea fuertemente inductora de intuición en ese nivel; , fuertemente inductora de análisis; cercano a , cuasirracionalidad — pero con una salvedad importante, tratada a continuación.
La salvedad de la confianza. Un cercano a cero es ambiguo por construcción: puede significar que la tarea es genuinamente cuasirracional, con propiedades que apuntan de forma robusta y equilibrada en direcciones opuestas; o puede significar, de forma bastante menos interesante, que muchas propiedades fueron clasificadas como "mixtas" por falta de evidencia suficiente para decidir. Estos dos escenarios no deben confundirse, y reportar solo los oculta. Por ello, el índice debe ir siempre acompañado de:
Una tarea con y es cuasirracional con confianza; una tarea con y está, en la práctica, sin clasificar. El índice sin esta segunda métrica invita a una precisión que la clasificación subyacente no sostiene.
La divergencia entre niveles. La verdadera contribución original de esta sección no es de forma aislada — es la posibilidad de calcularlo por separado para los tres niveles y compararlos. Se define:
El caso de mayor interés para esta trilogía es : la diferencia entre la posición en el continuo de la tarea tal como se representa a la política algorítmica, y la posición de la misma tarea tal como se representa al supervisor humano. Un cercano a cero sugiere que la IA y el supervisor enfrentan, estructuralmente, tareas semejantes en el continuo, aunque a través de pistas distintas. Un elevado señala algo más interesante y más arriesgado: que la misma ecología física está induciendo modos de cognición estructuralmente distintos según quién la observa — la IA operando sobre una tarea que su representación vuelve analítica, el supervisor operando, nominalmente sobre "el mismo problema", pero sobre una representación que lo vuelve intuitivo, o viceversa.
Retomando los dos ejemplos del Argus ya descritos en la Sección 3: la detección de anomalía térmica, tal como se caracterizó allí — pocos sensores calibrados, tendencia estable, umbrales de ingeniería conocidos, relación comprensible, tiempo para confirmar — tendería a un y un cercanos al polo analítico, con la mayoría de las once propiedades apuntando en esa dirección. Si la interfaz del supervisor preserva ese contexto — tendencias, umbrales, margen de confirmación —, los acompaña, y se mantiene bajo. Pero si el mismo sistema reduce esa tarea, en la interfaz humana, a una única alerta binaria sin tendencia ni contexto, puede desplazarse hacia el polo intuitivo — no porque la tarea ecológica haya cambiado, sino porque la representación disponible para el supervisor cambió drásticamente su posición en el continuo. El resultante, elevado, es exactamente el tipo de señal que este índice fue diseñado para hacer visible.
La predicción de fallo de rodamiento a partir de vibración — el segundo ejemplo de la Sección 3 — ilustra el caso opuesto, más difícil. Allí, la ecología y la representación algorítmica ya son estructuralmente complejas y poco descomponibles: y tienden a estar cerca de cero, pero con bajo — cuasirracionalidad genuina, no falta de clasificación. Resumir esa tarea en un score único no produce, en este caso, una divergencia artificial entre niveles: puede mantenerse igualmente cerca de cero, porque la tarea ya era, en su estructura, resistente a la descomposición — solo se vuelve opaca, lo cual es un fallo distinto (de principio organizador y de presentación), no necesariamente uno capturado por .
Esta asimetría entre los dos ejemplos se destaca deliberadamente en esta sección: detecta un tipo específico de riesgo — desplazamiento estructural del modo inducido entre niveles — y no detecta intencionalmente otros riesgos igualmente reales, como la opacidad de un principio organizador que existe en la profundidad sin llegar a la superficie. Esta limitación no es un defecto a corregir — es una frontera de aplicación a respetar. Los dos casos "mixtos" ya identificados en la tabla de la Sección 2 — principio organizador y duración de la decisión — son precisamente donde esa frontera es más probable que se manifieste.
Lo que este índice no hace. Vale la pena repetirlo, porque es fácil olvidarlo ante un número: y son medidas estructurales de la tarea tal como se clasificó — no demuestran que la IA, el supervisor, o el sistema híbrido respondan de hecho en el modo que la tarea induce. Un elevado es una señal de alerta a investigar, no un diagnóstico de fallo; la política algorítmica puede estar bien ajustada a su propia tarea (analítica) y el supervisor puede estar igualmente bien ajustado a la suya (intuitiva), sin que eso implique ningún problema — o puede no estarlo, y es precisamente esa correspondencia entre modo inducido y modo efectivamente ejecutado lo que el Artículo 5 auditará mediante , , los pesos de las pistas y la relación entre pistas y criterio. Este índice ubica la pregunta; no la responde.
Dos contribuciones, declaradas como tales. Esta sección propone dos extensiones originales al aparato de Hammond (1988): primero, la descomposición de un único TCI en un por nivel, necesaria porque las cadenas ciber-físicas — a diferencia del juez humano aislado que presupone la CCT clásica — colocan a más de un decisor frente a representaciones potencialmente distintas de la misma ecología; segundo, como medida explícita de esa divergencia, que transforma la distinción superficie/profundidad de la Sección 2 de una observación cualitativa en un número que los Artículos 4 y 5 pueden usar como input.
(Nota bibliográfica: Hammond, K. R. (1988). "Judgement and decision making in dynamic tasks." Information and Decision Technologies, 14(1), 3–14 [también circulado como ART Research Note 88-81, U.S. Army Research Institute for the Behavioral and Social Sciences] — cita verificada directamente contra dos fuentes independientes; identificada aquí como el origen del Task Continuum Index, del Cognitive Continuum Index y de la distinción superficie/profundidad, anterior y más fundacional que Dunwoody et al. (2000), que la prueba empíricamente doce años después. La nota bibliográfica de la Sección 2 fue corregida en consecuencia. Nota de desambiguación: la entrada "Hamm (1989)" ya presente en la bibliografía núcleo de la trilogía se refiere a Robert M. Hamm, coautor de Hammond, Hamm, Grassia & Pearson (1987) — persona distinta de Kenneth R. Hammond, autor del presente artículo de 1988; las dos citas no deben fundirse. La fórmula de , la métrica y la definición de son construcciones originales de esta trilogía, sin correspondencia directa en Hammond (1988) ni en ninguna fuente citada — el artículo original no propone una fórmula algebraica generalizable.)
